A primera vista, la noticia suena casi a derrota. Sony ha renunciado a fabricar sus propios televisores, una frase que, leída sin contexto, podría interpretarse como el final de una era o incluso como un síntoma de decadencia. Durante décadas, hablar de una televisión Sony era hablar de calidad, ingeniería japonesa y una obsesión casi artesanal por la imagen.
Sin embargo, cuando se rasca un poco más la superficie, la historia cambia. Lo que Sony está haciendo no es abandonar el mercado de televisores, sino cambiar radicalmente la forma en la que participa en él. Y lo más curioso es que el modelo que ha decidido adoptar no es nuevo ni experimental: es el mismo enfoque que Steve Jobs perfeccionó en Apple hace casi veinte años.

Un giro que cuesta asimilar, sobre todo si creciste con Sony
Si miramos atrás, cuesta no sentir algo de nostalgia. Sony fue durante mucho tiempo un referente absoluto en televisores, desde los míticos Trinitron hasta las primeras Bravia que marcaron un antes y un después en la transición al HD y al 4K.
Durante años, Sony no solo diseñaba sus televisores, sino que controlaba gran parte del proceso de fabricación, afinando el resultado final hasta niveles que muchos competidores no podían igualar. La imagen “Sony” no era solo marketing: había una filosofía clara detrás.
Por eso, cuando se anuncia que Sony cede el control de la fabricación a TCL, uno de los gigantes chinos del sector, es normal que surjan dudas. ¿Sigue siendo un televisor Sony si ya no lo fabrica Sony?
El acuerdo con TCL: qué cambia realmente
Aquí es donde conviene frenar un poco y separar titulares de realidad. Sony no ha vendido su marca ni ha cerrado su división de televisores sin más. Lo que ha hecho es crear una empresa conjunta con TCL, en la que:
- TCL tendrá el 51 % del control, y por tanto la última palabra en la operación industrial.
- Sony conservará el 49 %, manteniendo peso estratégico y presencia directa.
- La nueva entidad se encargará de fabricación, distribución, ventas y logística.
- Los televisores seguirán comercializándose bajo la marca Sony Bravia.
Dicho de otra forma: Sony deja de ser fabricante para convertirse en arquitecto del producto, mientras TCL se ocupa de la parte más pesada, costosa y menos rentable del negocio.
Por qué Sony ha tomado esta decisión ahora
Desde fuera, la pregunta es inevitable: ¿por qué ahora?
La respuesta es menos emocional y mucho más pragmática. El mercado de televisores se ha vuelto extremadamente competitivo y con márgenes cada vez más estrechos. Fabricar paneles, gestionar fábricas y competir en precio contra empresas chinas con cadenas de suministro gigantescas es, hoy en día, una batalla muy difícil de ganar.
Aquí es donde, en mi opinión, Sony ha sido honesta consigo misma. En lugar de seguir perdiendo dinero o diluyendo su identidad intentando competir en volumen, ha optado por proteger lo que realmente la diferencia:
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- Procesado de imagen.
- Calibración de color.
- Software.
- Sonido.
- Marca y posicionamiento premium.
Todo lo demás, especialmente la fabricación a gran escala, pasa a manos de quien mejor sabe hacerlo hoy: TCL.
El paralelismo con Apple no es casual
Llegados a este punto, la comparación con Apple deja de parecer exagerada.
Apple tampoco fabrica sus iPhone, Mac o iPad. No posee fábricas donde se ensamblen millones de dispositivos. Y, sin embargo, nadie duda de que Apple controla el producto final. Steve Jobs entendió hace décadas que el valor no estaba en soldar componentes, sino en definir la experiencia completa.
Sony parece haber llegado a una conclusión muy similar, aunque mucho más tarde. En lugar de obsesionarse con fabricar televisores, prefiere centrarse en:
- Cómo se ve la imagen.
- Cómo se escucha el sonido.
- Cómo se integra el software.
- Qué sensación transmite el producto al usuario final.
Desde este punto de vista, el movimiento no solo tiene sentido, sino que era casi inevitable.
¿Significa esto que los televisores Sony perderán calidad?
Esta es, probablemente, la mayor preocupación de los usuarios. Y es comprensible.
La respuesta honesta es: dependerá de cómo se ejecute el acuerdo. TCL tiene capacidad industrial de sobra y paneles competitivos. Lo que marcará la diferencia será hasta qué punto Sony consiga mantener su exigencia en:
- Procesado de imagen propio.
- Modos de cine y calibración.
- Control de calidad.
- Experiencia de uso.
Si Sony logra imponer su visión técnica, los televisores Bravia seguirán sintiéndose como “Sony”, aunque no se ensamblen en una fábrica japonesa. Si no lo hace, el riesgo de diluir la marca existe.
Lo que puede cambiar para el consumidor
Desde el punto de vista del comprador, este cambio puede tener efectos interesantes.
Por un lado, es posible que veamos:
- Precios más competitivos, gracias a la escala de producción de TCL.
- Mayor presencia en mercados donde Sony antes no era tan fuerte.
- Renovaciones de catálogo más rápidas.
Por otro, habrá que observar con atención si:
- La calidad de imagen se mantiene al nivel histórico de Sony.
- El software sigue recibiendo el mismo cuidado.
- La marca conserva su identidad premium.
Aquí es donde el tiempo será el juez definitivo.
Una decisión menos dramática de lo que parece
Aunque el titular suene duro, lo cierto es que Sony no está abandonando los televisores, sino aceptando una realidad industrial que muchas empresas ya han asumido. Fabricar ya no es sinónimo de controlar.
Personalmente, creo que este movimiento dice más de la madurez empresarial de Sony que de una derrota. Ha preferido adaptarse antes que desaparecer lentamente de un mercado cada vez más hostil.
Preguntas frecuentes
¿Sony deja de vender televisores?
No. Seguirán existiendo televisores Sony Bravia.
¿Quién los fabrica ahora?
Una empresa conjunta donde TCL tiene el control mayoritario.
¿Sony sigue participando?
Sí, con un 49 % y aportando tecnología, marca y know-how.
¿Es similar a lo que hizo Apple?
Mucho. Apple no fabrica, pero controla diseño y experiencia. Sony busca algo parecido.
Conclusión
Sony ha tomado una decisión que rompe con su historia, pero que encaja con el presente. Al renunciar a fabricar directamente sus televisores y adoptar un modelo más cercano al de Apple, la compañía apuesta por sobrevivir, adaptarse y seguir siendo relevante, aunque ya no lo haga como antes.
Puede que no sea el Sony romántico de los Trinitron, pero quizá sea el Sony que necesita existir en 2026 y más allá.
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